Autorretrato 2 de la serie «Los miedos», 2016. Con esta foto Carlos Bosch recibió la máxima distinción de las Artes Visuales en nuestro país.
Resulta imposible mirar las fotografías de Carlos sin sentir un sacudón. Quizás porque sus obras perfectamente pueden inscribirse en el Art-Brut, tradición en la que el grotesco y la violencia resultan siempre tan armónicos como relevantes y ominosos. La fuerza expresiva de sus fotografías en blanco y negro es siempre conmovedora porque su obsesión es mostrarle al mundo las barbaridades del mundo. A veces con ironía, parodia o desazón, aquí el artista organiza un expresionismo delirante en el que el humor es parido, como a la fuerza, por su mirada inconformista, rebelde y anticomplaciente”
En 1976 decidió irse a vivir a España, una partida que prefería no definir como «exilio» por la buena experiencia que había tenido en el exterior: allí fundó la primera Asociación de Reporteros Gráficos de Barcelona. Cubrió la invasión soviética en Afganistán, retrató a Dalí postrado en un hospital y al rey Juan Carlos haciéndole muecas.
Por aquella época, se infiltró como falangista durante tres años entre los fascistas en Madrid para hacer un fotorreportaje: él mismo dijo 40 años después que ese reto fotográfico había sido una hazaña propia de «un loco». Algunas de esas imágenes que Bosch tomó en las paradas y manifestaciones integraron la exposición «El huevo de la serpiente», que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.


