
Su trabajo despertó interés en el mundo artístico y académico y decidió auto educarse con la meta de documentar lo que veía y sentía en su camino.
Su historia es la de un fotógrafo viajero que manejó su camioneta desde la Argentina hasta Alaska, ida y vuelta. Vivió con las poblaciones esquimales en el norte de Canadá y con las tribus nómades de Siberia, Mongolia y Bután. Pasó largas temporadas en India y en los Himalayas fotografiando los Tibetanos en exilio.
En 1998 decidió enfocarse en su país y se instaló a vivir en una comunidad de pueblos originarios de los Andes, en el noroeste argentino. En su casa, en la montaña vivió por años como un asceta, de la forma más escencial.

